Welcome to Europe

10 / 9 / 2015

Movilización internacional para parar las masacres de inmigrantes en el mar, para abrir los canales humanitarios, para reconocer el derecho de asilo político, para una acogida digna y para la libertad de circulación en Europa.

Todavía más muertos: los de hoy se suman a los de ayer, a los de los meses pasados, a los de hace dos o tres años. Cifras tan elevadas que hablar de “tragedia” ya no es suficiente: ahora hay que hablar de horror. Horror producido por quien es incapaz de imaginar el futuro y se encierra en el miedo de perder lo que tiene, con el único resultado de crear desigualdades cada vez más profundas.

Este fenómeno no se puede parar: no sirve fortalecer las fronteras, aumentar los controles, instalar cámaras de seguridad, levantar muros o activar otros dispositivos de cierre.

Ventimiglia en Italia, Kos en Grecia, Calais en Francia, Gevgelija en Macedonia, Subotica en Serbia, los muros de Hungría y los trenes varados en Budapest nos muestran una realidad compleja, donde hay quien lucha por el reconocimiento de sus propios derechos - harto de creer que exista una Europa acogedora - y quien trata sin fin de obtener el permiso para quedarse. 

Desde el inicio de 2015 ha aumentado considerablemente el número de inmigrantes que llegan a aquellos países que, debido a su ubicación geográfica, son los principales puertos de entrada a la Unión Europea. Demasiadas personas han perdido la vida o han sido víctimas de abuso: imágenes de mujeres, hombres y niños no pueden dejarnos indiferentes. Es un peso que se está volviendo cada vez más insoportable. 

Ya desde el inicio de los años noventa se viene hablando de la inmigración en Europa. Sin embargo, esta inmigración no puede ser detenida, ni resuelta mediante la aplicación de leyes restrictivas, como se ha venido haciendo durante mucho tiempo. Las operaciones de castigo a los traficantes, impulsadas por el primer ministro europeo, no son más que acciones hipócritas destinadas a limpiar las conciencias, mientras, en realidad, las medidas a tomar ahora habrían de ser las de establecer pasillos humanitarios para facilitar la llegada segura de aquellos que deciden huir de sus tierras, y facilitarles la posibilidad de obtener asilo en lugares seguros.

El racismo rampante de las derechas europeas sirve para cubrir los pecados de un sistema económico que está luchando para salir de la crisis: la austeridad no es culpa de los inmigrantes, sino del neoliberalismo. Todos los movimientos, las asociaciones anti-racistas de Europa y los que se indignan por una Europa inhumana hacia los que llegan desde fuera intentando entrar a su fortaleza, nos damos una cita en Bruselas para solicitar una apertura de los canales humanitarios que permita un viaje seguro desde Libia, Egipto, Marruecos, Siria, Afganistán y de todas las zonas de frontera que representan rutas de fuga para lo que huyen. 

Por otra parte, debemos establecer que el derecho a la acogida es un derecho fundamental de las personas, especialmente en un momento como el actual, marcado por los cambios globales y climáticos, que afectan e influyen en las personas que, huyendo de la guerra y la persecución o por razones económicas, se mueven en busca de un futuro mejor en otros paises. No podemos caer en el error de diferenciar entre los refugiados de guerra y los inmigrantes económicos, en un momento en que el entorno social, económico y natural en el que dichos inmigrantes viven les impide tener una vida digna de ser vivida. Un peligro que a menudo es una consecuencia del pasado colonial y de las políticas actuales de Europa.

Por otra parte, ¿escapar de un país en guerra es muy diferente de tener que abandonar un lugar en el que la pobreza es tal que son a punto de morir de hambre? 

Vivimos en una Europa en completa crisis de solidaridad y humanidad, que no tiene el coraje de mirar a sus víctimas a los ojos, una Europa que tiene la responsabilidad compartida de las causas que producen emigración en los países de origen. Además de ratificar pactos comerciales con otros países desde el norte de Africa hasta Asia, Europa debería hacer acuerdos humanitarios para crear rutas garantizadas hacia sus ciudades, en lugar de cambiar recursos económicos comunitarios por controles policiales en las fronteras. 

La pólitica europea no tiene que poner en el centro de sus intereses la austeridad, sino los derechos, debe promover la libertad, en lugar de patrullar las fronteras. Hoy más que nunca necesitamos una ley sobre el asilo europeo capaz de superar el Reglamento de Dublín, que obliga a los inmigrantes a buscar asilo en el primer país de la UE a donde llegan.

Los inmigrantes deberían tener el derecho a recibir asilo en cualquier país para poder moverse libremente dentro de Europa. Queremos sacarlos lo mas pronto posible del estado de suspensión en el que viven cuando llegan a Europa, evitando así los campamentos inhumanos que se plantean actualmente en Italia, Grecia, Francia, y las situaciones precarias que se presentan en muchos otros paises. Ademàs, tenemos que reclamar la regularización de todos los inmigrantes sin papeles que ya viven en Europa.

Así como el derecho de asilo, la acogida también debe ser digna e igual en todos los países europeos, equiparando los estándares más altos de acceso al asilo y de acogida. 

Europa tiene que dar una respuesta única y no delegar la gestión de la hospitalidad en cada país, porqué respuestas diferentes se traducen en conductas inhumanas y degradantes.

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